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El gran desacople: ¿se fractura la economía global?

El gran desacople: ¿se fractura la economía global?

13/12/2025
Bruno Anderson
El gran desacople: ¿se fractura la economía global?

La economía global se encuentra en un punto de inflexión crítico, donde las certezas del pasado se desvanecen ante nuevas realidades.

Este artículo busca inspirar a comprender cómo la fragmentación geoeconómica redefine nuestro mundo, ofreciendo perspectivas prácticas para navegar estos cambios.

La interdependencia que una vez impulsó el crecimiento ahora es vista como una vulnerabilidad estratégica, desafiando a gobiernos, empresas y ciudadanos por igual.

Desde tensiones políticas hasta crisis sanitarias, múltiples fuerzas convergen para cuestionar los fundamentos de la globalización.

¿Qué es el “desacoplamiento” económico global?

El desacoplamiento se refiere al proceso mediante el cual los países buscan reducir la dependencia económica mutua frente a ciertas naciones.

Surge como respuesta a factores clave que han alterado el panorama internacional en los últimos años.

  • Tensiones geopolíticas y geoeconómicas, especialmente entre EE. UU. y China, que han escalado desde 2018.
  • Riesgos en seguridad nacional, como el robo de tecnología o el doble uso militar en sectores críticos.
  • Vulnerabilidades expuestas por crisis recientes, como la pandemia de COVID-19 y la guerra en Ucrania.

Es fundamental diferenciar entre el desacoplamiento total, que es costoso y poco realista, y enfoques más matizados.

  • “Derisking”: Enfocado en reducir riesgos específicos sin cortar todos los lazos comerciales.
  • “Friend‑shoring” o near‑shoring: Reorientar el comercio e inversión hacia aliados o países cercanos geográficamente.

La mayoría de organismos internacionales, como el FMI y el BCE, hablan de fragmentación más que ruptura total, subrayando un cambio gradual pero profundo.

Este proceso no solo afecta a los estados, sino también a las cadenas de suministro globales y a la innovación tecnológica.

Ejes geopolíticos del gran desacople

La relación entre EE. UU. y China constituye el epicentro de la fragmentación actual, con implicaciones que se extienden por todo el mundo.

Datos recientes muestran que el comercio bilateral ha crecido 25 puntos porcentuales menos que el comercio de EE. UU. con el resto del mundo desde 2018.

México emerge como un beneficiario clave, aprovechando la relocalización productiva vinculada al near‑shoring y a incentivos como la Inflation Reduction Act.

Canales principales del desacople entre estas dos potencias incluyen áreas estratégicas que definen la competencia global.

  • Comercio de bienes: Desaceleración de flujos bilaterales, aranceles y sanciones sectoriales que restringen el intercambio.
  • Tecnología: Controles a la exportación de semiconductores avanzados y restricciones a empresas como Huawei.
  • Servicios digitales y datos: Segmentación creciente de internet con firewalls y normas de datos divergentes.
  • Finanzas e IED: Reorientación de flujos hacia países aliados, con una caída en ciertas inversiones recíprocas.

La guerra en Ucrania acelera la idea de un mundo partido en bloques, reorganizando flujos de energía y materias primas.

  • Bloque Occidental liderado por EE. UU., la UE y aliados asiáticos.
  • Bloque Este o euroasiático, con China como actor central y Rusia como socio energético.

Estudios de instituciones como el Bank of Japan proyectan pérdidas de renta global de alrededor del 5 % en escenarios de fragmentación profunda.

Fragmentación o “fin de la globalización”: Datos macro

El comercio mundial ha experimentado una transición desde la hiperglobalización hacia una fragmentación selectiva, con tendencias claras en la última década.

Mientras el comercio de bienes se desacelera, los servicios, especialmente digitales y financieros, siguen expandiéndose a un ritmo sostenido.

Evidencia de esta transformación incluye cambios en los patrones de intercambio que reflejan nuevas prioridades geopolíticas.

  • El comercio intra‑bloques crece más rápido que el inter‑bloques desde el inicio de la guerra en Ucrania.
  • Redirección hacia friend‑shoring, sin una caída absoluta del comercio global, lo que sugiere una adaptación más que un colapso.

La inversión extranjera directa se reconfigura hacia sectores estratégicos, impulsada por preocupaciones de seguridad y sostenibilidad.

  • Tecnologías digitales: Incluyendo chips, nube y telecomunicaciones, donde la autonomía tecnológica es prioritaria.
  • Transición verde: Baterías, energías renovables y materiales críticos, esenciales para la agenda climática global.

México se perfila como un gran ganador en esta reconfiguración, atrayendo IED que se desplaza desde China hacia América del Norte.

Países neutrales pueden ganar marginalmente, con aumentos de PIB de hasta 0,3 % en algunos modelos, al absorber producción desplazada.

Costes económicos del desacople: Cifras clave

Los impactos económicos del desacople son significativos y varían ampliamente por región, con proyecciones que subrayan la urgencia de actuar.

Según el FMI, una fragmentación profunda podría costar hasta el 7 % del PIB mundial, con escenarios extremos que mencionan cifras aún mayores.

El BCE estima pérdidas de PIB de 2 % en EE. UU. y hasta 6 % en ASEAN, reflejando la disparidad en vulnerabilidades regionales.

Para visualizar estos costes, la siguiente tabla resume escenarios clave basados en estudios económicos recientes.

Estos números subrayan la urgente necesidad de estrategias adaptativas para mitigar riesgos y capitalizar oportunidades.

Aumentos en los precios para consumidores y productores son inevitables, con efectos distributivos que pueden exacerbar desigualdades.

Navegando el nuevo panorama económico: Estrategias prácticas

Para empresas, gobiernos e individuos, la adaptación a este entorno fragmentado es esencial para mantener la resiliencia y el crecimiento.

Estrategias clave incluyen acciones concretas que pueden implementarse a múltiples niveles, desde lo local hasta lo global.

  • Diversificar cadenas de suministro para reducir dependencias de un solo país o región, minimizando vulnerabilidades.
  • Invertir en tecnologías locales y sostenibles, fomentando la innovación autóctona y la creación de empleo.
  • Fortalecer alianzas estratégicas con países amigos, priorizando colaboraciones en áreas como comercio y seguridad.
  • Monitorear tendencias geopolíticas de cerca, utilizando datos y análisis para anticipar cambios regulatorios.
  • Adaptar modelos de negocio a la nueva realidad, incorporando flexibilidad y planes de contingencia robustos.

La resiliencia económica requiere acción coordinada y visión a largo plazo, evitando reacciones precipitadas que puedan agravar la fragmentación.

Iniciativas como la transición verde y la digitalización ofrecen caminos para reconectar economías de manera más sostenible y segura.

Conclusión: Un futuro en construcción

El gran desacople no significa el fin de la globalización, sino su transformación profunda hacia un modelo más fragmentado pero interconectado.

Estamos presenciando el surgimiento de un nuevo orden económico, donde la colaboración internacional, aunque más selectiva, sigue siendo vital.

Comprender estos cambios es esencial para prosperar en los próximos años, tanto a nivel macroeconómico como en la vida cotidiana.

El camino hacia adelante exige equilibrio entre seguridad y prosperidad, fomentando diálogos que eviten un aislamiento perjudicial.

Al abrazar la innovación y la diversificación, podemos construir una economía global más resistente e inclusiva para las generaciones futuras.

Bruno Anderson

Sobre el Autor: Bruno Anderson

Bruno Anderson es colaborador de contenido en caminoisierto.org. Sus textos se enfocan en organización financiera, planificación personal y hábitos económicos responsables para el día a día.