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Más allá del crecimiento: redefiniendo el éxito económico global

Más allá del crecimiento: redefiniendo el éxito económico global

20/12/2025
Yago Dias
Más allá del crecimiento: redefiniendo el éxito económico global

En un mundo marcado por transformaciones profundas, el crecimiento económico ya no puede ser la única brújula del progreso. El PIB muestra signos de agotamiento como medida única de éxito, revelando brechas en bienestar y sostenibilidad.

Las proyecciones actuales indican un panorama de crecimiento tibio e inferior a los niveles prepandemia, lo que subraya la urgencia de repensar nuestras métricas. La desigualdad y los desafíos ambientales exigen una visión más holística del desarrollo.

Este artículo explora cómo podemos trascender el enfoque tradicional y construir un futuro donde el éxito económico signifique prosperidad compartida y resiliencia. Redefinir el éxito es un imperativo global que requiere acción colectiva y innovación política.

El contexto macroeconómico actual: ¿por qué hablar de redefinición ahora?

Las proyecciones económicas para 2025-2027 pintan un cuadro de crecimiento moderado pero desigual a nivel mundial. Según la ONU, el producto global crecerá un 2,7% en 2026, por debajo del promedio prepandemia del 3,2%.

Este escenario refleja una fase de crecimiento tibio y resiliente, pero con profundas disparidades entre regiones y sectores.

  • Economías avanzadas como Estados Unidos proyectan un crecimiento del 2,0-2,6%, con riesgos derivados de tensiones comerciales y políticas fiscales.
  • La zona euro espera una expansión moderada del 1,3-1,4%, sustentada en consumo privado y un mercado laboral robusto.
  • China, como economía emergente líder, crecerá alrededor del 4,8-5,0%, aunque con debilidades en demanda interna y correcciones en el sector inmobiliario.
  • India destaca con un crecimiento proyectado del 6,6-7,8%, impulsado por consumo resiliente e inversión pública.
  • África enfrenta retos significativos, con un crecimiento del 4,0% y altos niveles de deuda y vulnerabilidad climática.

Estos datos subrayan que el crecimiento no es suficiente para garantizar empleo de calidad o alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Incluso cuando el PIB aumenta, la creación de empleo en economías avanzadas está muy por debajo de los niveles de 2019, según análisis de Goldman Sachs.

Los límites del PIB como medida única de éxito

El Producto Interno Bruto ha sido durante décadas el indicador estrella para medir el progreso económico. Sin embargo, sus críticas estructurales son cada vez más evidentes en un mundo complejo.

Informes de la OCDE y la Comisión Stiglitz-Sen-Fitoussi han destacado varias falencias clave que limitan su utilidad.

  • No mide el bienestar real, ignorando dimensiones como la salud mental, la cohesión social o el tiempo libre.
  • Cuenta actividades negativas, como desastres naturales o contaminación, como positivas al aumentar el gasto económico.
  • Es ciego al medio ambiente, sin descontar la degradación de capital natural como bosques o biodiversidad.
  • No refleja sostenibilidad o resiliencia, pudiendo crecer a costa de deuda excesiva o sobreexplotación de recursos.
  • Excluye la economía del cuidado y el trabajo no remunerado, esencial para el funcionamiento social.

Estas limitaciones nos llevan a cuestionar qué entendemos por éxito económico. Crecer no basta si no mejora la calidad de vida de las personas o si compromete el futuro del planeta.

Nuevas métricas para redefinir el éxito económico

Para superar las limitaciones del PIB, se han desarrollado indicadores alternativos y complementarios que capturan dimensiones más amplias del progreso. El Índice de Desarrollo Humano del PNUD, por ejemplo, combina ingreso, salud y educación.

Estas métricas buscan ofrecer una visión más integral, priorizando el bienestar y la sostenibilidad sobre el mero crecimiento numérico.

  • Marcos como "How's Life?" de la OCDE incluyen múltiples dimensiones, desde ingresos y trabajo hasta comunidad, educación y medio ambiente.
  • Países como Nueva Zelanda, Escocia e Islandia han implementado presupuestos de bienestar, orientando el gasto público hacia objetivos de salud mental, cohesión social y reducción de desigualdades.
  • Indicadores ambientales, como la huella de carbono per cápita o las cuentas de capital natural, ayudan a medir el impacto ecológico del desarrollo.
  • Medidas de desigualdad, como el coeficiente de Gini o la participación del 1% más rico en la renta, revelan distribuciones económicas injustas.
  • Iniciativas como la Cuenta Satélite del Trabajo Doméstico y de Cuidados en países como España o México cuantifican el trabajo no remunerado, reconociendo su valor social.

Estos enfoques representan un cambio paradigmático hacia un progreso más holístico, donde el éxito se mide por la mejora real de las condiciones de vida y la preservación del entorno.

Grandes transiciones: clima, desigualdad y tecnología

El mundo enfrenta transiciones críticas que el PIB no puede capturar adecuadamente, requiriendo políticas innovadoras y métricas más sensibles. El cambio climático exige una acción urgente para descarbonizar economías y adaptarse a impactos irreversibles.

La transición a energías limpias es vital pero conlleva costos económicos y sociales que deben gestionarse con equidad.

  • La desigualdad económica sigue creciendo en muchas regiones, erosionando la cohesión social y limitando las oportunidades para millones de personas.
  • La tecnología digital transforma empleos y sectores enteros, creando nuevos desafíos en términos de inclusión y preparación laboral.
  • Estas dinámicas interdependientes demandan enfoques que vayan más allá del crecimiento convencional, integrando justicia social y sostenibilidad ambiental.

Por ejemplo, inversiones en infraestructura verde pueden impulsar empleo mientras reducen emisiones, pero requieren métricas que valoren esos beneficios múltiples.

Tensiones geopolíticas e ideas para una nueva agenda política

Las tensiones geopolíticas, como los aranceles y conflictos comerciales, complican aún más el panorama económico global. Estas distorsiones afectan mercados y cooperación, dificultando respuestas coordinadas a desafíos comunes.

Una nueva agenda política debe priorizar la colaboración internacional y reformas estructurales que redirijan el desarrollo hacia metas más inclusivas y sostenibles.

  • Reforzamiento de la cooperación multilateral para financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y mitigar riesgos climáticos.
  • Implementación de políticas fiscales progresivas que reduzcan desigualdades y promuevan inversiones en bienestar público.
  • Fomento de innovaciones en gobernanza económica, como presupuestos basados en bienestar o métricas de resiliencia.
  • Promoción de transiciones justas en sectores como energía o agricultura, asegurando que nadie quede atrás.

Este enfoque requiere un compromiso audaz con la redefinición del éxito, donde el crecimiento económico sirva como medio, no como fin, para lograr sociedades más prósperas y equitativas.

Conclusión: hacia un nuevo paradigma económico

Redefinir el éxito económico global es una tarea urgente y compleja que demanda coraje y creatividad. Debemos abandonar la obsesión con el PIB y abrazar métricas que reflejen el bienestar real de las personas y la salud del planeta.

Un futuro próspero requiere equilibrio entre crecimiento, sostenibilidad y equidad, donde el progreso se mida por la mejora de vidas y la preservación de recursos para generaciones futuras.

Es hora de actuar con visión colectiva, impulsando políticas innovadoras y colaboración global para construir un mundo donde el éxito económico signifique dignidad, resiliencia y esperanza para todos.

Yago Dias

Sobre el Autor: Yago Dias

Yago Dias es educador financiero y creador de contenido en caminoisierto.org. A través de sus textos, promueve disciplina financiera, planificación estructurada y decisiones responsables para una relación más saludable con el dinero.